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Bueno,
bueno, bueno. Cuanta gente junta se vio el viernes en el garaje
de la Tía María. ¡Y en un fin de semana de ya
marcado carácter playero! ¿A qué se habrá
debido tal fenómeno? Debe de ser porque como era el aniversario
de MOOG…eso o que entre la gente debió correr el rumor
(a todas luces cierto tras comprobarlo al 'natural') de que el nuevo
directo de Manta Ray es brutal. Sin embargo, ante una noticia así,
uno no sabía muy bien qué daba más que pensar,
si lo de brutal o lo de nuevo, me explico. El directo que se llevan
gastando estos asturianus desde la gira de su debut largo, allá
por el 95, ha sido todo este tiempo el que ha alcanzado más
altas cotas de inspiración de todos los grupos de su generación
(y de las otras) entre bandas de nuestras fronteras. Los asturianos
en escena siempre han sido capaces de crear un mundo de texturas
infinito, un clima mágico de comunión con el público
(que sea física o mística ya es cuestión de
cada uno) y está claro que aunque sus discos sean excelentes,
no son más que camisas de fuerza en comparación con
la libertad creativa que adoptan al tratar (no creo que lo que hacen
se pueda denominar sólo tocar) sus temas en escena.
Tras la partida de la banda de Nacho Vegas, las dudas se despejaron,
'siguen siendo ellos' era el pensamiento colectivo que transmitían
las sonrientes y semiestupefactas caras de los asistentes a sus
shows. Por eso ahora, cuando el cambio no es temido sino anunciado,
el melómano fiel tiene aun más miedo al enfrentarse
al desafío. Qué harán, se pregunta. ¿No
tirarán por la borda TODO lo aprendido durante este tiempo?
Parece que la nutrida concurrencia que se reunió el viernes
en el garaje acertó. Vaya que si es brutal! Lo es como solo
un concierto de June of 44, Shellac, Fugazi o Programme puede serlo.
Se trata de una sorprendente aproximación a otras sonoridades
más enérgicas y extremas pasadas a través del
tamiz experimental de la banda.
Al
preguntar a Ángel Sopena si le gustaba el concierto, con
un insano brillo en los ojos y sin apartar la mirada del escenario
dijo eufórico: 'con un comienzo así ya me han conquistado'.
Y no es para menos ladies and gentlemen porque qué comienzo!!!
Take a look sonó como deben hacerlo las trompetas que anuncien
el Apocalipsis. Tras deformar el tema con su desasosegante pulso
como leit motiv y arrastrarnos de una forma irremediable a cruzar
la frontera de su territorio, los primeros acordes de Rita fueron
como entrar en la autopista que conduce a la capital y pisar a fondo.
La imbricada sección rítmica de la banda, a cargo
del más convulso de los hermanos Vegas y de 'Bootsy Collins
Álvarez', el chisporroteo electrónico de ese ex-miembro
de Baader Meinhof llamado Frank Rudow y las cuchilladas a la guitarra
de Josele nunca sonaron más afiladas.
Y
por fin llegó el petardazo. Al final del primer bis van y
suben a escena ni más ni menos que Cesar Verdú, Alfonso
Alfonso y Juanma Martínez, o sea Schwarz. Fue entonces cuando
a los que tuvimos el privilegio de asistir a alguno de sus tres
directos (o sus ensayos je je) se nos esbozó nuestra sonrisa
más sincera. La hostia, vamos. En un periodo de tiempo indeterminado.
D.
Moog
Fotos de Antonio Moreno
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